lunes, 24 de agosto de 2015

Capítulo XVIII: Y como es él.



Se encontraba muy cansado, desde que se había metido de nuevo en toda esta locura Ricardo no dormía bien, aunque a veces se preguntaba como podía haber dormido bien alguna vez, con todas las putadas que había hecho en su vida, a sus socios, a su familia y a cualquiera que se pusiera en medio de sus intereses. Él se consideraba un inversor, un hombre de negocios con no muchos escrúpulos. Siempre negocios, eso pensaba Ricardo. Para todos los que estaban a su alrededor era un niño rico que nunca había tenido que trabajar. Un especulador sin ninguna intención de crear negocios, solo de ganar dinero fácil. Durante muchos años se había dedicado a dar “ladrillazos”, hasta que descubrió que podía montar negocios a base de subvenciones inflando facturas para que los gobiernos regionales de diferentes comunidades autónomas pusieran el dinero y después especular con las posibilidades de las industrias montadas.
 Le habían pillado en un par de ellas, pero como tenía buenos abogados y asesores fiscales, siempre caía de pie. Tan solo en una ocasión un polaco le había pegado una paliza por haberle dejado unas deudas brutales. Le dejó una semana en la cama y una cicatriz en la barbilla, pequeña, casi imperceptible.
Se dio la vuelta en la cama para mirar por el ventanal de su habitación. Pulsó el botón para que se abriera la persiana sin levantarse de la cama. Cogió el teléfono y esperó a que le contestaran desde el otro lado. Era Tatiana, una rubia voluptuosa nacida en Tirana. Era la “asistente” personal de Ricardo. La utilizaba para todo, era su cocinera, su criada y su amante cuando no tenía a otra mujer a mano. Tatiana había llegado hacía 10 años a España buscando trabajo y, con tan mala suerte, había caído en la red de Ricardo que se encaprichó de ella en una cafetería en el centro de Valencia. Tatiana pensó en algún momento que quería casarse con ella.
 Pero poco a poco descubrió que Ricardo solo se quería a si mismo y lo único que le importaba de ella es que estuviera disponible, para todo, cuando él quería. Varias veces había pensado abandonar a este tipo, pero toda su familia en Albania vivía del dinero que ella mandaba. Cada vez le daba más asco mantener relaciones sexuales con aquel cerdo, pero no tenía muchas salidas, al menos no las veía. Descolgó el teléfono y contestó sin mucho ímpetu, -dime Ricardo-.
- El desayuno-.
-Enseguida-.
Ricardo colgó el teléfono. Tatiana sintió el asco recorrer su piel. El muy desgraciado no había dicho ni buenos días, ni gracias. Nada amable.
  Terminó de preparar la bandeja con café y bollos. Se abrochó un botón más de la camisa, para que no le mirara el escote mientras le servía el desayuno y se dirigió a la habitación de Ricardo. Golpeó la puerta con una mano mientras hacía equilibrios con la bandeja. La puerta de la habitación era blindada y solo podía abrirse desde dentro. Golpeó de nuevo la puerta pasados unos segundos ya que no había obtenido respuesta en el primer intento.
Ricardo abrió la puerta y con la mala educación habitual en él dijo, -no tengas tanta prisa que no tienes más que hacer que lo que yo te diga-. Mientras decía esto repasó el cuerpo de su criada con la lascivia en la mirada que cada vez le producía más asco a Tatiana. Al pasar le dio un palmetazo en el culo, como quien le hace una caricia al perro fiel al pasar a su lado, sin mayor aprecio ni desprecio.
Cuando Tatiana dejaba sobre la mesa la bandeja sonó el teléfono móvil de Ricardo que estaba sobre la mesilla de noche. Ricardo se sentó a la mesa y le dijo sin ni tan siquiera mirarla a la cara, -dame el teléfono-. Tatiana obedeció y tras dárselo en la mano aprovechó el segundo de confusión para salir de la habitación y cerrar la puerta. Sabía que significaba la mirada de Ricardo, por lo que decidió irse con urgencia a la compra a ver si mientras tanto él se largaba y la dejaba en paz. Avisó a Ximo, el chico que tenía Ricardo para hacerle las gestiones en Valencia y le dijo que tenía que ir a hacer la compra. En algunas ocasiones había mantenido relaciones con él. Le gustaba, era guapo y más joven que ella. No la trataba como una puta, y eso en su vida ya era algo importante.
Ricardo descolgó el teléfono tras comprobar que la puerta se había cerrado tras la salida de Tatiana. -Dime Nuno-, contestó mientras se metía un trozo de bollo en la boca.
Buenos días Ricardo, contestó el portugués. ¿Puedes hablar?
-Ya lo estoy haciendo, contestó con la boca llena-.
Nuno no había entendido bien la respuesta, le parecía que aquel tipo tenía la boca llena de pan, pensó que solo un cerdo sería capaz de contestar con la boca llena, y sonrió al pensar que eso era realmente ese tipo.- Bien, continuó Nuno, hemos conseguido cogerles la pista a las dos hijas del banquero-.
Ricardo esperaba que el portugués siguiera su discurso mientras se volvía a llenar la boca, cuando comprobó la pausa, contestó a duras penas, -¿Y?-
-Una de ellas ha seguido con su vida aburrida, la otra, Rocío, está en contacto con alguien que está estudiando documentación que podría ser la que tenía la señora Madelaine-.
-Bien, bien, que la sigan para ver como progresa, pero a distancia-.
 -Ya lo hemos hecho. Le ha comentado a su hermana que va a irse unos días a Navarra-, contestó Nuno.
 -Pues que la sigan-, ordenó Ricardo.
-De acuerdo-, contestó el luso pensando en colgar ya el teléfono.
-Una cosa más Nuno, nuestros hombres de Portugal, ¿Están progresando?-
-Creo que sí-, contestó lacónico Nuno,- pero, sinceramente, mi misión es encontrar sana y salva a la señora. Se que están buscando en varios puntos en el entorno de Fátima, pero no puedo decirle nada más-. Nuno se quedó pensativo en silencio unos segundos para proseguir, -y aunque sepa algo más no se lo pienso decir hasta que la señora lo autorice-.
Esto sacó de quicio a Ricardo que contestó exasperado,-¡ tú me dirás lo que a mi me salga de los cojones, que no se te olvide quién te paga, cabrón!-.
  Nuno pensó su respuesta un par de segundos. -Ni lo sueñes, Ricardo. Y si es por el dinero, déjeme que le explique una cosa. Cuando encuentre a la señora, aclararemos esto usted y yo. Si quiere dejar de pagarme, hágalo, pero como se le ocurra volver a insultarme o gritarme, me voy a hacer un llavero con sus “cojones”, si se los encuentro. No se le olvide, yo no soy uno de sus perritos falderos-. No esperó la respuesta, colgó y se sintió mejor. Acababa de pararle los pies al tipejo este. Nunca le había caído bien, le había aguantado algunas estupideces por no romper el clima de trabajo, pero no pensaba soportarle que le tratara como a uno de sus lameculos, el no lo era y no pensaba serlo nunca.
  Ricardo se quedo gritando, NUNO, NUNO, como si le fuera a contestar. -Me cago en su puta madre, quien se cree el portugués este que es, a mi no me cuelga el teléfono ni Dios-. Volvió a marcar el número de nuevo, pero le salió el buzón de voz.
  Salió de la habitación con la idea de pagar su frustración con la criada, gritando -Tatiana, ¿donde te metes?- Tras buscarla unos minutos por toda la casa, llegó a la conclusión de que se había ido. Ricardo necesitaba descargar su ira en alguien.

jueves, 20 de agosto de 2015

Capítulo XVII: El desplome.



Madelaine sentía todo su cuerpo dolorido. Le parecía que llevaba en aquella habitación toda la vida. Le costaba recordar algo bueno en su vida. Era como si las continuas torturas a las que la estaba sometiendo aquel animal, hubieran borrado cualquier recuerdo agradable. Desde hacía varios días se encomendaba a la oración continuamente para poder soportar. Hacía al menos unas horas que les habían dejado en paz, a ella atada a la cama y a su hijo, atado a una silla y con la boca cerrada. También hacía varios días que no se atrevía a mirar a su hijo a los ojos. Ella sabía que estaba haciendo lo correcto, pero no sabía como encajaría la mirada de su hijo. Le habían tenido allí, mirando obligado como violaban a su madre, como le hacían heridas en los pechos, en el vientre, en todas partes menos en la cara. El maldito bastardo que le estaba torturando, decía que en la cara no le interesaba dejar huellas. Ella gritaba de vez en cuando, entre sollozos, para que Jacques la escuchara, cuando intuía que este podía venirse abajo, ¡NO DIGAS NADA!! Por favor, hijo mío.
Pero le oía llorar en silencio, le escuchaba ahogadamente.
Pasaron unos minutos más y finalmente se decidió a intentar mirar a su hijo. Los dos tenían los ojos llenos de lágrimas, los dos sabían cual era el final de todo aquello.  Traición o tortura hasta la muerte.
Jacques negaba sin ni tan siquiera mirar a su madre. Se sentía sucio y estúpido, inútil y rabioso. Pero no podía hacer nada, no al menos por ahora.
-No te preocupes por mi hijo, harán lo que quieran con mi cuerpo, pero mi alma sigue su camino. Tengo claro que no me vencerán-.
Jacques asintió levantando levemente los ojos. Vio de soslayo el cuerpo desnudo y lacerado de su madre. En ese momento le pareció mucho más mayor. Era como si de pronto hubiera envejecido más de veinte años. Su madre tenía los ojos morados de llorar e intentaba taparse con la manta, como no queriendo mostrarse más en ese estado a los llorosos ojos de su hijo.
Jacques rompió a llorar con más intensidad. No solo no podía hacer nada, era que ni tan siquiera podía decirle a su madre lo que sentía.
-No les des la satisfacción de verte sufrir. Ese desgraciado que me está torturando, creo que a veces se piensa que disfruto con esto-.
Jacques seguía mirando al suelo, comiéndose su orgullo, sus penas, su sufrimiento.
Sonó la puerta y madre e hijo dieron un respingo casi al unísono. Cuando vieron entrar a Giovanni, se calmaron levemente, sabían que este no les infringiría más dolor, al menos físico.
-Buenas tardes, a ambos-. Hizo un gesto para que uno de sus guardaespaldas liberara la boca de Jacques. Tras este entró una de las chicas con material para curar las heridas de Madelaine.
-¿Les habéis dado de comer?- Preguntó al que estaba soltando a Jacques la boca.
-No, el croata nos dijo que el mandaba y que no se les diera nada. Este se ha meado encima varias veces-.
Giovanni miró a Jacques buscando respuesta a esto con cierto aire de culpabilidad.
-Suéltale del todo y llevarle a que se asee, no le perdáis de vista ni un segundo. Si intenta algo, dispararle en un pie, lo quiero vivo-.
El sicario asintió y empezó a cumplir las órdenes recibidas. Giovanni se volvió hacía su compañera que estaba tratando a Madelaine. Esta le miró con cara de que las heridas que estaba curando no tenían buena pinta. -Tiene alguna muy fea, y los desgarros vaginales y anales necesitarían algún punto-.
-Dispón del lo que necesites-. Giovanni salió de la habitación para ir al cuarto en el que descansaba exhausto el torturador. Cuando empujó la puerta vio a aquel armario tumbado boca abajo en la cama, desnudo de cintura para arriba. Cogió el arma que llevaba en la cintura y se la puso en la nuca.
El croata sintió el frío del cañón en su cuello y se despertó con brusquedad, pero sabía que no debía moverse.
-Eres un hijo de puta sádico-, le dijo sin subir mucho el tono de voz Giovanni en italiano. Sabía que era un idioma que el croata dominaba mejor que el español. -Te dije que les coaccionaras, que les torturases moralmente y algo físicamente, pero lo que has estado haciendo con esa mujer no tiene nombre. No se quien es tu padrino, pero te vas a ir de España inmediatamente. Vístete, recoge tus efectos personales y desaparece de mi vista antes de que me arrepienta y te pegue un tiro, cabrón-.
El croata sonrió de medio lado, se sabía protegido por alguien muy influyente. -No tienes ni puta idea de lo que estás haciendo-, contestó el croata mientras se levantaba de la cama sin mirar a Giovanni.
-Si vuelvo a verte, te mato-, contestó el italiano mientras salía por la puerta de la habitación y daba órdenes explicitas a dos de sus hombres de confianza en voz, lo suficientemente alta como para que el croata le escuchara.- Si intenta algo pegarle un tiro y quemar el cuerpo. Que no se cruce en mi camino mientras está aquí. Quitarle todos los instrumentos de tortura y si se pone bravo, a la mierda con él. Escoria como esta es lo que sobra en el mundo-.
Giovanni se encontraba mejor ahora. En el fondo nunca había querido que aquel tipo perteneciera a la operación, pero se lo habían impuesto. Ahora tendría que enfrentarse con sus jefes, pero tenía claro que la solución, sin lugar a dudas a estas alturas, no la tendrían con violencia.
Entró en la habitación de Jacques que estaba duchándose. Tenía a un hombre en la puerta del baño sin quitarle ojo y con el arma en la mano en posición de prevengan, por si era necesario utilizarla. Se sentó sobre la cama, mirando a su alrededor, buscando la inspiración para hablar con Jacques. No podía pedir perdón, aunque su alma lo necesitara, pero tenía que conseguir la confianza de este y de su madre para poder progresar.¿Pero como? Eso le preocupaba, como empezar la conversación.
Escuchó a través de la puerta las protestas del croata mientras abandonaba la casa, respiró con alivio, la bestia ya no volvería a hacer nada. En el fondo sabía que a quien tendría que pedir perdón era a Madelaine. No podía comprender como no había visto que aquel hijo de perra se le podía descontrolar. Cerraba los ojos y veía una y otra vez la imagen del cuerpo desnudo de Madelaine lleno de heridas y la cara de desesperación de la mujer. Ese no era el camino.
Cuando salió por la puerta del baño Jacques, que había cambiado de aspecto tras afeitarse y asearse, encontró al italiano recostado sobre su cama, pensativo, buscando algo en el techo de la habitación. Tan insistente era su mirada hacia el techo que Jacques miró hacia arriba, buscando el motivo de la distracción de Giovanni. Por un momento pensó en intentar escapar, pero ver a su custodio a menos de dos metros y apuntándole a la espalda, le hizo desistir antes de intentarlo siquiera.
-¿Qué quieres ahora?- Preguntó en italiano a Giovanni. -¿No crees qué ya nos habéis hecho daño suficiente?-
-No-, contestó lacónico el italiano. -Seguro que a tu madre si le han hecho mucho más daño del que merece, ¿pero tú? Tu solo tienes daños morales, y eso no nos parece justo-.
La cara de Jacques se puso blanca en menos de un segundo. Sentía alivio por su madre, pero pánico por el mismo. Nunca había tenido una alta capacidad de sacrificio, no al menos en el aspecto físico. Le producía pavor el dolor físico desde muy pequeño.
Giovanni descubrió en el rostro de Jacques el pánico sin paliativos. Esperó unos segundos de silencio que agudizaba el miedo en la cara de aquel hombre. Tenía que haber sabido esto antes, se habría ahorrado daños y problemas, como no lo había visto antes. Tras unos largos veinte segundos de espera, dio las órdenes para que le ataran boca abajo en la cama, desnudo y con las piernas separadas. Quería que Jacques temiera la violación y la tortura para ver si eso le hacía doblegarse.
Cuando todavía no habían terminado de atarle, sollozando, Jacques susurró,- no, por favor, no me hagáis daño, os diré lo que queráis, lo que puedo saber, la que tiene toda la información es mi madre, nunca se ha fiado de mí ni de mi seguridad-. Rompió a llorar desconsoladamente.
Giovanni volvió atrás en la habitación y le preguntó directamente, -¿Qué sabes?-
Ya se ocuparía de la madre, cuando pudiera hacerse fuerte y mirar a los ojos a aquella mujer de valor tremendo y mayor terquedad en sus posiciones.
-Cuéntame algo antes que me arrepienta y suelte a la bestia para que te sodomice y torture-.


lunes, 17 de agosto de 2015

Capítulo XVI: Los primeros resultados



Eran las ocho de la mañana y se acababa de duchar. Ángel se sentía pletórico. Mientras se afeitaba frente al espejo del baño del hotel, releía mentalmente los documentos con los que había estado trabajando la última semana. Se sentía poderoso. Parecía ser la única persona del mundo que conocía aquello, y eso le hacía sentirse bien. La pena era no poder contarlo, pero todo llegaría.
Al salir del baño se fijó en el cuerpo desnudo de Miriam sobre la cama. Era preciosa y estaba guapísima con ese color de piel moreno que se le estaba poniendo por el buen tiempo que estaba haciendo en Sevilla  y que le permitía subir al área de la piscina del hotel con un libro y tomar el sol. Se sentó al lado y le acarició la espalda con mucho mimo mientras besaba la mejilla derecha de su amada retirando el pelo con suavidad. Miriam rezongó y abrió los ojos con pocas ganas. Sonrió, y mientras se tapaba con la sábana dándose la vuelta y dejando sus hermosos pechos a la vista. -Que pasa, ¿quieres más?- Le dijo poniendo cara de tener ganas de hacer el amor una vez más con Ángel.
-Si, pero me tengo que ir a trabajar. Mañana sábado, ya te contaré yo a ti un cuento-.
-Ah, tendré que darme una ducha fría-, respondió ella poniendo cara de desilusión.
-Bueno, a lo mejor tengo un ratito para ti-. Ángel abrazó a Miriam y la recostó de nuevo sobre la cama mientras se quitaba la toalla de la cintura y le besaba los pechos.
A las nueve menos cinco se estaba terminando de vestir no sin cierto estrés. -Me vas a buscar la ruina, ahora ya solo puedo pensar en volver para tenerte de nuevo-. Miriam sonrió con el amor que le caracterizaba y con cierto gusto por tener a su hombre tan embebido en ella.
Ángel bajo las anchas escaleras del hotel saltando de dos en dos los escalones. Se sentía tremendamente feliz. Estaba haciendo un trabajo que le encantaba y estaba cada vez más enamorado de su mujer. Todo le iba a las mil maravillas. En el fondo, le daba miedo que algo pudiera romperse en el estado de bienestar absoluto en el que se encontraba. Como cada día llegó a la parada de taxis de la puerta para acercarse al segundo de ellos, como todos los días, preguntó al taxista, -¿Sabes a donde tienes que llevarme, Hermano?- La respuesta fue la de todos lo días, -Si-.
Todos los días era un taxi distinto, cada día un conductor diferente, el mismo hermetismo por parte de los dos, taxista y pasajero. Durante el recorrido, que Ángel empezaba a conocer de memoria, hacia Dos Hermanas donde estaba su lugar de trabajo, sonó su teléfono, cuando miró el número, supo que la llamada le traería problemas.
-Hola Luisito, ¿Cómo estas?-.
-No tan bien como tú, cabronazo, no me llamas, no me escribes, no me quieres..-
-Bueno, bueno-, contestó Ángel, -es que no tengo tiempo ni de respirar, ¿Qué tal tu mujer y el hijo que lleva dentro?-
Luis captó la ironía ácida de su amigo. -Divinos los dos, la madre cada día más guapa y más dormilona y el pequeño sano y fuerte como su padre-.
-¿El butanero no?- Respondió Ángel con una sonrisa de medio lado.
-Y la madre que te parió también, capullo-.
-Es delicioso hablar con un profesor de universidad por lo fluido y extenso de su vocabulario, trabajado durante años de enseñanza-, contestó con ironía Ángel.
-Eso también-, volvió a responder Luis empezando a reírse. -Bueno que, me vas a contar algo de lo que haces o me tengo que creer que te están pagando por estar de juerga con tu mujer en Sevilla-.
-Uhmm, no sería tan mala idea lo segundo, pero no, estoy trabajando de lo lindo, pero, no puedo contarte nada-.
-Joder tío, ¡que te he conseguido yo el trabajo-! Exclamó con cierto resentimiento Luis.
-Ya lo sé y no te imaginas como te lo agradezco, pero no puedo decirte nada. Solo te voy a decir que, si conseguimos que salga a la luz, el éxito de lo que hacemos va a hacer que nos olvidemos de la crisis de las narices, de los banqueros y de todo lo que llena las primeras líneas de los informativos. Esto puede ser muy grande-, contestó Ángel.
Luis se quedó como bloqueado, -¿Como de grande?-
-Mucho, tío, mucho-.
-¿Como una alianza?- Preguntó Luis con temor a la respuesta.
-No van por ese lado los tiros-. Ángel sabía que se refería al Arca de la Alianza. Esa era la obsesión de Luis. Por eso cuando estaban de cachondeo le llamaban Indiana Jones.
Luis suspiró, con cierto alivio. Nunca se hubiera perdonado darle un trabajo a su colega que le llevara a descubrir eso.
-Pues no lo pillo-, respondió Luis.
-Ya te lo contaré, no seas plasta. Si Dios quiere en unas semanas te lo podré contar-.
-Vale, vale. Bueno yo te llamaba para otra cosa. Estamos pensando en haceros una visita de fin de semana. Tenemos que aprovechar antes de nazca el peque, que luego va a ser más complicado-.
¡Olé!, contestó Ángel, -será maravilloso, veniros en el AVE del viernes a la tarde y os reservo habitación en el hotel en el que estamos nosotros-.
-Compro-, exclamó Luis. -Le digo a Aurora que llame a Miriam y que lo organicen ellas, que son mejores en esto-.
-Muy bien. Pues hasta el próximo viernes, Magíster-.
-Ya te voy a dar yo a ti Magíster. Un abrazo-.
-Otro para ti, nos vemos-.
Cuando Ángel colgó el teléfono ya estaban llegando a la puerta de su destino, un chalet en una urbanización a medio terminar con diez o doce casas habitadas.
Cuando llamó a la puerta uno de aquellos tipos grandes y fuertes que le parecían todos iguales, como clones del gigante rubio del que hablaba la trilogía Milenium que no hacía mucho acababa de leer, le abrió la puerta y saludó con un leve gesto afirmativo con la cabeza, como dando el OK a que entrara en su territorio. Bajó las escaleras hacia el sótano, que era su lagar de trabajo. Totalmente cubierto de madera en las paredes y el suelo, resultaba acogedor, aunque no tenía ninguna luz natural. Ángel comprendía que era necesaria la seguridad, pero le fastidiaba no ver la luz del sol. Dejó la chaqueta sobre el respaldo de la silla y encendió las luces de la mesa, abrió la caja de seguridad climatizada donde se guardaban los documentos y de pronto se sorprendió al ver una sombra en el fondo de la habitación. Reconoció a Giovanni, pero el sobresalto le hizo estar varios minutos acelerado y un poco cabreado con el italiano que no había tenido la delicadeza de hacer notar su presencia.
-Ya veo que estas interesado-, le dijo al italiano.
-No tengas ninguna duda, me has dejado intrigado-.
 Se sentó en la silla giratoria que tenía para trabajar. -Por la fecha en la que se escribieron los documentos...- empezó a hablar dejando la frase en el aire.
-Bien, el documento Papal tiene toda la pinta de ser original. Estoy esperando las pruebas físicas, pero tanto el tipo de escritura como el Latín perfecto en que está escrito, nos indica que es verdadero o una imitación cojonuda. La firma es totalmente igual a las que podemos cotejar del Papa, por lo que me atrevo a decir que es totalmente verdadera. Esta fechada en Septiembre de 1307, es decir, un mes antes del comienzo del fin de la orden. Es un mensaje papal a un noble Navarro, cuyo nombre no aparece, con el fin de que presione al Rey navarro, Luis I, que después sería también Rey de Francia en 1314, para que mantenga la misma política que su padre con respecto a “Pauperes Commilitones Christi Templique Solomonice”, o lo que es lo mismo, comentó mirando la cara de Giovanni por si lo había entendido en Latín, la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, los templarios-.
Giovanni asintió, dando por comprendido el mensaje, pero sin abrir la boca. Estaba invitándole a seguir.
-El Papa hace bastante hincapié en conseguir la máxima información posible de las posesiones templarias antes del 13 de Octubre, por el miedo a que se pueda perder parte del enorme tesoro de reliquias existente en las encomiendas y castillos de la Orden por todo Europa-.
-¿Quieres un café?- Preguntó Ángel mientras se levantaba dirigiéndose hacia la cafetera. Al fin y al cabo, no he desayunado, comentó con una leve sonrisa recordando el motivo.
-Está bien, un café solo y corto-, contestó Giovanni.
Tras poner los dos cafés y algunos bollos de los que le dejaban a primera hora de la mañana, se volvió a sentar en la silla. Miró a los ojos del italiano y se dio cuenta que estaba esperando que siguiera con el relato.
-Bien, pasemos a los restantes-.
-De los dos documentos con el sello templario, uno tiene toda la pinta de ser verdadero, por escritura y firma, y el otro parece una réplica realizada por algún escribano muy eficiente y aplicado, pero con leves diferencias que nos hace pensar que no se trata de la misma mano. La firma de este segundo intenta copiar a la del primero, pero no lo logra. La firma que se supone que aparece en ambos es la de Jacques de Molay-.
Los ojos del italiano se llenaron de una inesperada inquietud al oír el nombre del último Maestre de la Orden.
Estoy esperando el resultado del Carbono, pero me atrevería a afirmar que el segundo fue realizado en algún monasterio al menos un siglo después, ya veremos si me equivoco.
La estructura de ambos documentos es muy similar. Ambos van desgranando pistas envueltas en acertijos y solo entendibles para iniciados, para seguir la pista a algunos objetos, entre estos objetos habla del elemento de deseo de Perseo, es decir la cabeza de Medusa, con la que en partes de la sentencia templaria se comparaba el Baphomet. Otros objetos a los que se refieren no están tan claros, hablan por ejemplo de lo escondido tras los capiteles de las 2 columnas que adornaban el coro del temple en la entrada a las tumbas de los grandes maestres. Aquí se supone que estaba gran parte del tesoro templario. Hasta aquí, no tenemos nada desconocido, todo son partes de la historia que son más o menos conocidas-.
La cara de Giovanni empezaba a tornarse de pocos amigos. Tenía la impresión de estar torturando a dos personas sin sentido.
-Pero, siguió Ángel, cada uno de los documentos nos indica distintos caminos por los que buscar. Mientras en el antiguo se dirige por un lado a Navarra y por el otro a Portugal, en el que parece ser una replica, habla de buscar en Francia y en tierra santa. Como veras, empieza a producirse una encrucijada de cuidado-.
La cara del italiano había llegado al estupor más absoluto.
-Giovanni, si tienes alguna información más, podemos acotar algo más los campos de búsqueda. De no ser así, yo empezaría por buscar pistas en Santa María de los Huertos, es decir la iglesia templaria del Crucifijo, en Puente la Reina, como primera piedra de toque en España de la documentación antigua, de la nueva, esperaría a ver el resultado. 
Giovanni mostraba un rostro estupefacto. Evidentemente, Ángel era un erudito en este tema, pero le sorprendía la celeridad en alcanzar conclusiones.- ¿Estas seguro de todo esto?-
 -Ángel suspiró con cierto desdén por la respuesta del italiano. No, no estoy seguro y dudo que alguien en el mundo pueda estarlo. Te recuerdo que esta búsqueda se lleva realizando desde hace varios siglos sin ninguna seguridad ni certeza absoluta. Tus jefes conocen muy bien esto. No hay verdades absolutas. Tan solo la posibilidad de hablar con alguien que hubiera estado ligado directamente con el origen de los documentos, podría arrojar más luz sobre esto. Pero, por otro lado, tampoco han tenido mucho éxito en el pasado. Tengo claro que trabajamos con buena materia prima, pero no conocemos el final.
Si yo fuera tú, mandaría a alguien dotado de cierta inteligencia a mirar en la iglesia que te he dicho. A ser posible, alguien que sepa de arte. Mientras tanto yo seguiré buscando en la documentación que me habéis dado-.
Giovanni asintió, aceptando la casi orden que acababa de recibir, se levantó de silla y, apurando su café que ya estaba frío, subió la escalera. Antes de llegar a la planta de arriba se volvió hacia Ángel y le dio las gracias.- Buen trabajo, sigue en ello, si descubrimos algo, te lo haré conocer-.
Ángel, sonrió de medio lado antes de volverse hacia sus papeles y volver a navegar en los secretos de la historia que tanto le apasionaba.
Giovanni sacó su teléfono del bolsillo y pensó en a quien le encomendaría este trabajo. Solo un nombre se le venía a la cabeza, pero no quería admitirlo. Rocío.
-Llamó a su chica y le dijo, tengo una misión para ti, ¿puedes irte de viaje ya? Lo digo por lo de tu padre y eso-.
-Claro que sí-, contestó con aire un tanto taciturno. Rocío sabía que tenía que hacerlo, pero seguía teniendo dudas sobre la muerte de su padre.
-Bueno esta noche cenamos juntos y lo organizamos-.
-Vale, contestó, te quiero, Giovanni-.
-Yo a ti también-, respondió el italiano.


jueves, 13 de agosto de 2015

Capítulo XV:¿ Donde está el principio de la madeja?

CAPITULO XV

Nuno llevaba varios días intentando seguir la pista de su jefa. No era solo la presión de su “otro” jefe, Ricardo, era sobre todo por que le empezaba a preocupar lo larga que estaba resultando la desaparición. Por otro lado, su enlace en la oficina de Ricardo también había desaparecido, hacía unos días y, al parecer, no tenían ni puñetera idea de donde estaba.
 Habían seguido la pista a través del GPS del coche de su jefa hasta un pueblo al norte del Algarve, cerca de Odemira. A Nuno no le hizo ninguna gracia tener que volver a esa zona de Portugal. Le recordaba lo triste de su niñez, lo cutre de su región. 
El pueblo hasta el que habían perseguido estaba cerca de Odemira, Boavista dos Pinheiros, se llamaba el pueblo diminuto donde encontraron el coche, al que habían prendido fuego en la noche del día en que secuestraron a su jefa, calcinado en un campo de lechugas propiedad de una multinacional inglesa. Habían tenido algunas palabras más altas que otras con los técnicos de la empresa, que eran “lugareños” portugueses y que lo más divertido que les había sucedido en el último año, era encontrar el coche incendiado.
Habían buscado pistas en los alrededores, pero lo único que se les ocurría era que tuvieran alguien esperándoles o que hubieran salido en uno de los camiones que salían de la fábrica de la multinacional inglesa. Había intentando hablar con los de logística de la empresa, pero sus paisanos no se mostraban muy colaboradores. Nuno pidió a sus compañeros en Sevilla que investigaran la empresa, a ver que encontraban.
Pero el problema seguía existiendo. Lo peor, no tenía idea de por donde seguir la búsqueda. Varios de sus hombres estaban buscando pistas por todos los puntos en los que parecía que pudieran encontrar algo, pero no mejoraba.
Sonó el teléfono móvil, Nuno miró nervioso para comprobar que era Ricardo el que le llamaba, seguro que había descubierto algo.
-To-, contestó el portugués. Llevaba muchos años fuera de su país, ya no le quedaba casi ni acento, pero no era capaz de dejar de contestar así al coger el teléfono.
-A ver portugués-, dijo Ricardo con cierto desprecio en la forma de nombrar el origen de Nuno. -Mañana entierran al gordo cabrón ese que trabajaba en el banco donde Madelaine tenía los papeles. Quiero que estés allí y metáis la nariz en todo, a ver si localizamos algo que perseguir-.
Nuno pensó por un momento como Ricardo podía llamar a alguien gordo cuando el parecía un muñeco de esos de los bebés que no se caen nunca por lo redondos que son. Cada vez le caía peor ese tipo, pero por ahora era quien le podía seguir pagando, dadas las circunstancias, no era el momento de pensar en mandarle a hacer puñetas.
-Esta bien patrón-, contestó con cierto servilismo cínico el portugués.- Lo preparo todo. ¿Tiene usted alguien a quien marcar en especial?-
-Creo que una de sus hijas, Rocío, había tenido algo que ver con unos estudios sobre la Orden-.
-Está bien, intentaremos colocarle un localizador en el coche o en la ropa-,afirmó Nuno.
-No lo intentes, joder, hacerlo, a ver si es posible que alguna vez hagáis algo bien-.
-Si-, esta vez Nuno contestó con la sequedad de quien está pensando en mandar a hacer puñetas al que está al otro lado de la línea.
-Algo más, ¿Ricardo?- Nuno sabía que le fastidiaba bastante que un trabajador suyo se dirigiera a él de tú. Era como recordarle que él no era más que un especulador venido a más gracias al dinero que había heredado de su padre.
-No, contestó con sequedad y colgó el teléfono con la mala educación habitual-.
Nuno se quedó con el regusto de haberle tocado las narices al imbécil este. Al fin y al cabo, el solo estaba vendiéndole información hasta que desapareció su jefa. Ya tendría la oportunidad de ponerle en su sitio si volvían las cosas a su ser.
Nuno volvió a coger el teléfono móvil mientras paseaba por la acera encendiendo un cigarrillo. Hacía tres meses que había dejado de fumar, pero los nervios de los últimos días le habían forzado a recaer, ya lo volveré a dejar, pensó mientras prendía el mechero.
Al contestarle al otro lado de la línea le explicó a uno de sus compañeros el plan del día siguiente. Tras colgar el teléfono pensó que era posible, solo posible, que los documentos no hubieran salido de Sevilla. Volvió a coger el teléfono y llamó a Miguel.
Miguel era policía de la científica y antiguo compañero de correrías cuando ambos estudiaban derecho en Madrid. Seguían teniendo buen trato, y en algunos casos, colaboraba con él para buscar a determinadas personas. Miguel cogió el teléfono como si no pudiera hablar en ese momento. -Hola Nuno, ¿te puedo llamar en unos minutos?-
-Por supuesto,- contestó el portugués, -pero no te olvides, que es muy importante-.
Al colgar el teléfono pensó en como plantear la propuesta a su amigo. Era posible que pudieran encontrar movimientos de algún especialista en historia medieval. Se supone que los secuestradores de su jefa no tenían infraestructura sólida en España ni en Portugal, con lo que necesitarían a algún especialista para interpretar los datos. En Europa no tenía que haber más de cuarenta o cincuenta personas preparadas para esto. Era dar palos de ciego, pero a lo mejor daban con algo.
Tiró el cigarrillo al suelo y volvió a marcar otro número. Era el de sus oficinas en Portugal. Quería saber si habían encontrado lo que buscaban, eso cambiaría bastante el status quo de la situación. Al descolgar su compañero le disparó la pregunta en portugués sin más saludos. La respuesta fue igual de rápida. -No, pero creemos estar cerca de ello-.
Tenía que pensar más rápido, el tiempo corría en su contra. Encendió otro cigarrillo. Pensar más rápido, más rápido.